empatía

  1. f. Sentimiento de participación afectiva de una persona en la realidad que afecta a otra:
    la empatía consiste en ser capaz de ponerse en la situación de los demás.

Crecí con abuelos que son niños de la guerra. Nacieron en la época posterior a la Primera Guerra Mundial, su niñez y pre adolescencia fue durante la Segunda Guerra Mundial y vivieron su juventud con la depresión económica que siguió. Luego se convirtieron en inmigrantes.

Te invito a ver a los ojos a alguien que paso por eventos similares. Te vas a dar cuenta del mundo de dolor y de privaciones, de esperanzas corrompidas que albergan esas miradas. Más allá del valor y de la esperanzas que pusieron y ponen día a día, esas experiencias no se borran.

Lo común de esas etapas, es, que lamentablemente son cíclicas. Lo que ayer le tocó a Europa, hoy le toca a Siria. Y lo que muchos no se dan cuenta -o no quieren- es que estamos hipotecando nuestro futuro por una sed de poder que sólo da satisfacción pasajera. ¿Es en realidad redituable esa búsqueda de petroleo, esa proliferación de industrias que  generan armas de destrucción? ¿Vale la pena cambiar esa tranquilidad monetaria por millones de vidas, por familias destruidas o por la niñez quebrada y perdida?.

El pasado lo ignoramos, pisoteamos el presente y nos estamos asegurando un futuro lleno de violencia, odio y sin recursos naturales.


En la foto que ves al inicio estoy con mi nonna, una gran sobreviviente del desastre que la maquinaria de la guerra nos dio. No tengo fotos de ella de niña, no porque no las haya traído en su periplo de Italia hacia la Argentina, sino porque no pudo sacarse fotos hasta entrada su juventud. Creció en la pobreza de la montaña, trabajó desde que tiene uso de razón. Muchas veces congeló sus pies en la nieve por falta de calzado. Lo que nunca le faltó ni le falta es dignidad. Porque la pobreza que tuvo fue de dinero, a diferencia de la pobreza de quienes orquestan conflictos armados bajo una ideología territorial, política o religiosa que ya canjearon su alma y mancharon sus manos de sangre de inocentes. Ni hablar de los asesinos morales del durante/post guerra que se aprovechan de los sobrevivientes chupando sus sueños, ofreciendo trabajos de esclavos y negando el asilo a quien lo necesita o traficando personas con promesas de un lugar donde vivir.


¿Estás seguro de que lo que te horrorizó fue la instrumentalización de la foto de  Aylan Kurdi que yacía en las playas de Turquía? La realidad que te choca no es esa. Anda en fondo y te vas a dar cuenta de que lo que molesta es lo que está sucediendo, la impunidad de las consecuencias de algo que se sabe cómo se puede parar y no se hace sólo por intereses que exceden cualquier capacidad de lógica. Esa foto permitió darle voz a un conflicto que nos queda más cómodo mirar hacia otro lado. De la misma manera que los nazis tiraban bombas en juguetes para niños acribillando a criaturas de una manera cruel, de la misma manera que se formaban bajo amenaza a niños soldados en Sudán o que se los usaban para pararse con bombas adelante de tropas enemigas en Medio Oriente; de esa misma manera hoy se los empuja a subirse a embarcaciones precarias para tratar de llegar a un destino "mejor". Y convengamos que si alguien se siente más seguro estando en alta mar, viajando en botes sin controles, que en tierra, es porque las cosas están mal.


"Paren las bombas y nosotros nos quedamos en nuestro país". ¿Cómo puede ser que algo tan simple, que lo dice un niño, se transforma en complejo en la mente de un adulto sólo por conveniencia? No escuché decir a ninguno bajemos las armas. Siempre hay un terrorista (curiosamente donde hay reservas naturales o energéticas). Siempre hay un conflicto. Siempre hay un Dios que le da la razón a una fracción en oposición a la otra. Siempre hay leyes que cumplir cuando se trata de no dar ayuda, que se conoce con la palabra de burocracia. 

No creo ni que vale la pena empeñarse en buscar culpables. Hay que encontrar soluciones. Hoy por hoy podés colaborar con Médicos Sin Fronteras, Unicef u otras ONG que están ayudando en la zona, Difundí, dale voz a quienes no pueden hacerlo porque están límitados en el camino del exilio obligado. 

Si estás lejos de Siria ofrece tu compasión con quien sufre las mismas consecuencias acá: los marginados del sistema, reflejados sobre todo en los pueblos originarios como los QOM, que desde hace 7 meses acampan cerca del Obelisco de Buenos Aires. Están reclamando por el derecho a las tierras que consideran ancestrales, el mantenimiento de los recursos naturales sin explotación comercial masiva, un mejor acceso a la educación, la sanidad, el agua potable y la electricidad y un fomento de su cultura. Porque el dejar a alguien sin posibilidades de vivir en el marco de un país democrático es sinónimo de genocidio prolongado.

Notá que dije compasión, no caridad. Dar una mano desde la alegría de darla, no esperando sentirte el salvador de alguien. Empecemos a crear desde una perspectiva diferente. Dejemos de lado la "militancia" política y emprendamos el camino de construcción social por el placer de cuidar nuestro presente para tener un futuro mejor.

Con los recursos naturales que aún hoy, después de maltratar el mundo, seguimos teniendo, es un crimen que sigan habiendo personas que deban migrar, deban padecer hambre. Es hora de decir basta, barajar otra vez y empezar a jugar de nuevo. Esta vez jugando limpio. Aunque suene utópico. ¿Pero si una guerra duró cien años, porque no podemos invertir el mismo tiempo en la búsqueda de la paz?